El escritor peruano Mario Vargas Llosa fue distinguido con el Premio Nobel de Literatura, máximo galardón que le fuera esquivo a nuestro Jorge Luis Borges.

Político polémico pero escritor de cualidades indiscutibles, finalmente recibió esta merecida distinción.

Autor de Los cachorros, La ciudad y los perros, La tía Julia y el escribidor, La casa verde, Conversación en la catedral, Pantaleón y las visitadoras, Los cuadernos de Don Rigoberto,La fiesta del Chivo, Historia de Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero?, entre otras obras inolvidables que dan cuenta de una prosa exquisita y representativa de los mejores sonidos latinoamericanos.

Vaya como muestra el comienzo de La ciudad y los perros

Cuatro ;cuatro:dijo el Jaguar. 

Los rostros se suavizaron en el resplandor vacilante que el globo de luz difundía por el recinto, a través de escasas partículas limpias de vidrio: el peligro había desaparecido para todos, salvo para Porfirio Cava. Los dados estaban quietos, marcaban tres y uno, su blancura contrastaba con el suelo sucio.

Cuatro repitió el Jaguar. ¿Quién?


Cava sintió frío. Los baños estaban al fondo de las cuadras, separados de ellas por una delgada puerta de madera, y no tenían ventanas. En años anteriores, el invierno sólo llegaba al dormitorio de los cadetes, colándose por los vidrios rotos y las rendijas; pero este año era agresivo y casi ningún rincón de] colegio se libraba del viento, que, en las noches, conseguía penetrar hasta en los baños, disipar la hediondez acumulada durante el día y destruir su atmósfera tibia. Pero Cava había nacido y vivido en la sierra, estaba acostumbrado al invierno: era el miedo lo que erizaba su piel.

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